Hace apenas un lustro la situación económica del mundo en general (a excepción de los países del Tercer Mundo) y de España en particular, era suficientemente buena. La mayoría de la población disponía de un buen piso (fue la época de la burbuja inmobiliaria), de un buen coche, poseía un trabajo estable bien remunerado e incluso podía comprar caprichos o lujos innecesarios.
Sin embargo, hoy en día, tan desgraciada como lógicamente, esa situación ha dado un vuelco de 180 grados, y es por eso que mucha gente que ha vivido por encima de sus posibilidades o simplemente ha tenido una mala inversión financiera que le ha costado la ruina, se ve ahora afectada por los multitudinarios embargos que hace el estado español y las entidades bancarias (en Madrid, por ejemplo, se embargan alrededor de veinte inmuebles cada día).

Estos embargos provocan el auge de las subastas. Uno de los sectores con mayor y mejor acogida en este ámbito, es el de los automóviles. En éstas se pueden encontrar auténticas gangas, coches de primer nivel a precio de saldo, principalmente en los coches de lujo como los Ferrari, Masserati, Bugati, Lamborghini, Porsche, Mercedes-Benz, Audi, etcétera, que en el concesionario pueden superar los 70.000€, fuera del alcance para la mayoría de las personas pero que, cuando son subastados reducen su precio de salida en más de un 70%.
A dichas subastas puede acudir cualquier ciudadano, debidamente identificado con su Documento Nacional de Identidad (DNI) o pasaporte, y allí comenzará la puja. No es necesario que el comprador pertenezca a ninguna empresa, cualquier interesado puede comprar un coche en una subasta.
Estas subastas pueden estar convocadas por organismos muy diversos, como la Agencia Tributaria, la Seguridad Social, la propia Policía (vehículos incautados a delincuentes), bancos, cajas de ahorro, etcétera. Son una gran fuente de ingresos para estas instituciones que, cada vez con una frecuencia mayor, convocan estas subastas.
Actualmente hasta los Ayuntamientos de diversas localidades españolas han tenido que recurrir a este sistema de venta poniendo así en subasta los coches oficiales que tenían a su disposición para cubrir de este modo deudas pendientes. Aquí dejamos un reportaje sobre la noticia.
De todos modos, no siempre estas subastas son de coches embargados y, por tanto, de segunda mano o seminuevos, sino que en ocasiones también las realizan las propias compañías automovilísticas para vender sus coches de una forma diferente, por lo que puede ser una forma alternativa de adquirir un coche nuevo a, quizás, un precio considerablemente mejor que el ofrecido por el concesionario.
La parte negativa de estas subastas es que, al escoger el precio entre los asistentes (se parte de un precio y, a partir de él, la gente va pujando según ve conveniente), puede irse de las manos para algún comprador que, inocentemente, ha realizado una puja alta creyendo que alguien la seguirá, y es entonces cuando debe asumir las responsabilidades y pagar una suma de dinero a la que no estaba dispuesto a llegar.

También se debe tener mucho cuidado y prudencia a la hora de pujar por un coche, ya que hay que estar bien informado sobre sus características, su antigüedad, el número de kilómetros que ha recorrido, si está libre de cargas (los que subastan porque han sido embargados lo están) o si tiene alguna avería.
Siguiendo estas sencillas pautas y, sobre todo, actuando con cautela y sentido común, la opción de los coches subastados se presenta como muy interesante a la hora de adquirir un vehículo.
¿Qué opinas sobre esta forma de adquirir un vehículo? ¿Qué noticias relacionas has escuchado o leído recientemente sobre este tema? ¡Déjanos tu comentario!
Imágenes vía Flickr@Airwaves1